En una temporada que apenas comienza a tomar forma, la narrativa alrededor del premio Cy Young parecía, en principio, predecible. Nombres consolidados, trayectorias dominantes y una continuidad lógica marcaban el ritmo inicial de la conversación.
Sin embargo, el béisbol —como suele ocurrir— ha introducido una variable inesperada.
El dominicano José Soriano.
Lo que Soriano ha construido en este primer mes de la temporada 2026 no es simplemente un buen inicio. Es, más bien, una irrupción que obliga a replantear jerarquías. Con una efectividad de 0.24 y un récord invicto de 5-0, su desempeño trasciende la estadística convencional para situarse en un terreno más exclusivo: el del dominio absoluto.
Permitir apenas una carrera en seis aperturas no es una anomalía menor. Es una declaración.
Y es que, mientras figuras como Tarik Skubal mantienen la consistencia que se espera de un doble ganador del Cy Young, el caso de Soriano introduce una tensión distinta en la conversación. No se trata de experiencia frente a promesa, sino de control frente a perfección momentánea.
El béisbol, en su naturaleza más exigente, suele castigar la inconsistencia. Pero también recompensa, aunque sea brevemente, la excelencia pura. En ese espacio —delicado, difícil de sostener— es donde hoy se encuentra Soriano.
Su dominio no se limita a evitar carreras. Se extiende a la manera en que enfrenta cada turno, reduciendo el margen de error de sus rivales y obligando a los bateadores a redefinir su aproximación. Hay, en su ejecución, una economía de movimientos y una precisión que evocan a los grandes picos de rendimiento que definen carreras.
La pregunta, inevitable, no es si puede competir por el Cy Young.
Es si puede sostener este nivel el tiempo suficiente para redefinir la carrera.
En una liga donde la durabilidad y la adaptación suelen separar a los contendientes de los aspirantes, el desafío para Soriano apenas comienza. Pero el impacto inicial ya es innegable.
Porque en un deporte donde las historias suelen escribirse con el paso de los meses, hay momentos —raros, casi excepcionales— en los que un jugador irrumpe con tal fuerza que obliga a todos a mirar.
José Soriano está en uno de esos momentos.
Y la temporada, aún joven, ya no puede entenderse sin él.









