A veces, el impacto más grande no se mide en cifras… sino en lo que empieza a brotar. Y en las montañas de San José de las Matas, lo que está brotando es vida.
Desde 2021, el Aeropuerto Internacional del Cibao ha ido dejando huellas verdes en la Sierra. No con discursos, sino con acciones concretas: más de 17,000 árboles sembrados en siete jornadas que, poco a poco, han ido transformando el paisaje y fortaleciendo ecosistemas que durante años pedían atención.
La iniciativa, impulsada junto al Plan Sierra, ha tocado comunidades como Los Montones Arriba, Bohío Viejo, Loma de Guajaca, Las Guáranas, El Córbano y Las Canas. Lugares donde la tierra no solo recibe árboles… recibe esperanza. Según los técnicos, las especies plantadas muestran un crecimiento saludable, casi como si respondieran al cuidado con el que fueron sembradas.
Y es que la verdad es que esto va más allá de plantar árboles. Se trata de proteger cuencas, de asegurar agua, de devolverle equilibrio a una región que es vital para todo el Cibao.
El ingeniero Teófilo Gómez, administrador general del aeropuerto, lo explica con claridad, pero también con orgullo: estas jornadas reflejan un compromiso real con la sostenibilidad. No es casualidad que, en cinco años, hayan logrado cifras que hablan por sí solas… pero que también cuentan una historia de constancia.
Además, hay un detalle que no pasa desapercibido: en estas siembras no solo participan empleados. Se suman sus familias, representantes de aerolíneas, prestadores de servicios… gente común que, por un día, cambia la rutina por una pala y una planta. Y ahí es donde el proyecto toma otro sentido.
Desde el Plan Sierra, su vicepresidenta ejecutiva, Inmaculada Adames, lo resume con una frase que pesa: “un sembrador eficiente”. Y no es menor. Porque en reforestación no se trata solo de sembrar… sino de que los árboles vivan, crezcan, y cumplan su función.
Este esfuerzo también se conecta con una visión más amplia. Como parte del programa de Acreditación de Carbono Neutral en Aeropuertos (ACA), el Aeropuerto del Cibao ha ido integrando a distintos actores en la reducción de la huella de carbono. Es decir, no es un proyecto aislado, es una estrategia que mira al futuro.
Porque al final, sembrar un árbol en Sajoma no es solo un gesto ambiental… es una decisión que impacta generaciones.
Y mientras esos árboles crecen en silencio, allá arriba en la Sierra… también crece una idea poderosa: que sí es posible hacer desarrollo sin darle la espalda a la naturaleza.















