La Carta Pastoral redactada y divulgada por la Conferencia del Episcopado Dominicano, con motivo de la celebración del Día de la Virgen de la Altagracia, madre protectora del pueblo dominicano, constituye una invitación oportuna y necesaria a la reflexión colectiva.
En un contexto social marcado por tensiones, desigualdades y desencanto, el documento convoca a la conciencia ciudadana sobre la gravedad de los problemas nacionales más apremiantes y llama a la unidad como camino indispensable para superarlos y construir una sociedad más justa, solidaria y humana.
En su epístola titulada “Renovación y compromiso bautismal, desde una perspectiva sinodal”, los obispos alzan su voz con claridad profética frente a males que laceran profundamente el tejido social: la corrupción, los antivalores, la violencia, la injusticia y la impunidad. Lejos de una denuncia estéril, proponen el diálogo como vía privilegiada para sanar divisiones, reconstruir la confianza y edificar una paz duradera, basada en la verdad y el respeto mutuo.
La Carta Pastoral expresa una preocupación firme ante el avance de la corrupción y el clima de violencia que afecta a la sociedad dominicana. Gobernantes y gobernados están llamados a estudiar y asumir este documento como una exhortación ética que interpela a todos, sin distinción. En él se señalan problemáticas concretas que demandan atención urgente: la violencia intrafamiliar, la inseguridad ciudadana, la discriminación y el progresivo descarte de los sectores más vulnerables. Como advierten los obispos, basta observar la realidad cotidiana y los medios de comunicación para constatar un mundo de relaciones heridas y fragmentadas en distintos ámbitos.
Comprender el momento histórico que vive el país es una tarea ineludible. Reorientar su rumbo exige una ética pública sustentada en valores que garanticen el bien común. Frente a la corrupción, el reto es sustituirla por la honestidad, la transparencia y la responsabilidad. La ciudadanía espera la aplicación de la ley sin privilegios, la erradicación de la impunidad y una administración pulcra de los recursos públicos. Cada centavo que ingresa al fisco debe traducirse en obras necesarias, hospitales dignos y actualizados, y servicios esenciales eficientes, modernos y accesibles. Ese es el deber de quienes dirigen las instancias del Estado, en fiel cumplimiento del mandato constitucional.
El documento pastoral recuerda, además, “que el pecado y la injusticia no poseen únicamente una dimensión individual, sino también social”. Las estructuras que toleran la desigualdad y la exclusión comprometen moralmente a toda la sociedad y exigen una respuesta colectiva.
El llamado final es claro y urgente: unir esfuerzos y voluntades para enfrentar los desafíos nacionales y encaminar al país hacia un desarrollo integral, humano y sostenible. Más que un texto religioso, esta Carta Pastoral se erige como una brújula ética para la vida pública dominicana, recordándonos que sin valores, sin justicia y sin compromiso compartido, no hay nación posible.
Fuente: © La Información.

