Con marcado éxito, la noche del viernes 30 de enero de 2026, el Salón Don Luis Bisonó, en el edificio Carlos Guillot de la Cooperativa San José, se convirtió en un espacio de reflexión profunda, de esos que dejan huella. Allí se llevó a cabo el conversatorio “Manifestaciones del Proceso Ansiedad–Depresión”, una cita necesaria y, sobre todo, valiente.
La actividad inició con la presentación del conferencista, a cargo del presidente del Consejo de Administración de la Cooperativa San José, el Dr. Piero Espinal, quien destacó la importancia de abrir estos espacios de diálogo sobre la salud mental y valoró el compromiso de la institución con temas que impactan directamente la calidad de vida de la comunidad.
El conversatorio estuvo a cargo del psiquiatra Dr. Fausto Valdez, quien habló con claridad, cercanía y sin rodeos sobre una realidad que muchos viven en silencio. Y es que, como él mismo explicó, la ansiedad y la depresión no siempre gritan… muchas veces susurran, se esconden en el cansancio diario, en la apatía, en ese “no tengo ánimo” que con frecuencia se normaliza.
Durante su intervención, el doctor Valdez abordó el tratamiento psiquiátrico y el uso de medicamentos, despejando mitos y temores que aún persisten. Además, puso el dedo en una llaga sensible: la facilidad con la que muchos dominicanos abandonan el tratamiento, ya sea por falta de seguimiento, desinformación o, la verdad es que, por la presión social.
Y es que todavía existe una vergüenza silenciosa alrededor de visitar al psiquiatra. Una idea errónea, pero muy arraigada, que asocia la salud mental con debilidad, cuando en realidad buscar ayuda es un acto de fortaleza. El especialista fue enfático al señalar que así como se atiende el corazón o la presión arterial, la mente también necesita cuidado profesional.
El conversatorio no solo informó; conectó. Generó preguntas, asentimientos y momentos de reflexión personal entre los asistentes. Además, dejó claro que hablar de salud mental ya no es opcional, es urgente.
Actividades como esta confirman que abrir estos espacios es un paso firme hacia una comunidad más consciente, empática y saludable. Porque al final, y es que no hay que olvidarlo, cuidar la mente también es cuidarnos como sociedad.

