San José de las Matas.—
Hay mañanas que pasan sin dejar huella. Y hay otras —como la de este jueves 30 de abril— que se sienten distintas desde temprano. Más vivas. Más necesarias. Así se vivió la XIV Jornada Ecológica Infantil “Yo cuido mi casa grande”, organizada por la Cooperativa San José, en un salón que terminó siendo mucho más que un espacio formal: fue un pequeño laboratorio de conciencia.
Cerca de 365 niños de cuarto grado, llegados desde Sajoma, Jánico y Sabana Iglesia, ocuparon sus asientos con esa mezcla de curiosidad y entusiasmo que solo se ve en la infancia. Y es que la jornada no fue una charla más. Fue, en esencia, una invitación a mirar el mundo con otros ojos.
La actividad, coordinada por la Comisión y Dirección de Educación y Responsabilidad Social, arrancó con el protocolo habitual. Palabras de bienvenida, sí. Pero también mensajes que, lejos de quedarse en lo institucional, tocaron una fibra más humana. El doctor Piero Espinal, presidente del Consejo de Administración, habló de la necesidad de sembrar conciencia desde temprano. Porque —y es verdad— nadie cuida lo que no entiende. A su lado, el gerente general Melvin Rodríguez, junto a los gerentes Wascar Medrano y Branlly Peralta, reforzó esa idea con un llamado sencillo, pero contundente: el planeta no espera.
Además, la jornada tuvo momentos que rompieron la rutina. Uno de los más celebrados fue la participación del grupo Ciencia Divertida, que convirtió conceptos complejos en experiencias cercanas. Experimentos, risas, preguntas. De pronto, hablar de agua, reciclaje o sostenibilidad dejó de ser abstracto. Se volvió tangible. Como cuando un niño descubre que cerrar una llave o sembrar una planta puede tener un impacto real.
Y es que, en el fondo, todo giró en torno a lo cotidiano. A esos pequeños gestos que, repetidos cada día, terminan cambiando el rumbo de las cosas. Desde marzo, las actividades venían construyendo ese mensaje: cuidar la Tierra no es un acto extraordinario, es una práctica diaria.
Lo más revelador, sin embargo, no estuvo en los discursos ni en las dinámicas. Estuvo en los rostros. En la atención. En la manera en que los niños respondían, preguntaban, se involucraban. Ahí, en esos detalles casi silenciosos, se entiende que algo está pasando.
Porque sí, puede parecer una jornada más en el calendario. Pero la verdad es que cada experiencia como esta deja una semilla. Y algunas semillas —aunque no se vean de inmediato— terminan cambiándolo todo.
La Cooperativa San José lo tiene claro. Su lema, “Tu mano amiga”, cobra sentido cuando se traduce en acciones concretas. En este caso, en apostar por una niñez que no solo aprende… sino que también comienza a cuidar.
Al final, la “casa grande” no es solo una frase bonita. Es el lugar donde todo ocurre. Y en Sajoma, al menos por una mañana, quedó en buenas manos.














