Los que nos dedicamos a escribir, sobre todo estos artículos, cuando nos detenemos a pensar lo que hemos hecho; o revisar artículos “viejos” nos da la impresión de lo que estamos viviendo o escribiendo son cosas pasadas; o que simplemente el tiempo se detuvo, y por tanto, lo que hacemos es una repetición de lo que habíamos denunciado, o que no ha pasado el tiempo, o no se ha solucionado nada.
Todos los días vemos en la radio, televisión o la prensa escrita los mismos reclamos. Las mismas quejas, las mismas carencias. Sean estos de origen de salud, educación, o preservación de la seguridad ciudadana.
No entendemos cómo es posible que en el mismo siglo XXI existan tantas deficiencias, tantas penurias, quejas, y que la población esté pasando por tantas divinas calamidades.
¡Sencillamente no planificamos! ¡Solo se hacen las cosas y ya!
Si usted se detiene a mirar la televisión noticiosa, podrá notar cómo los ciudadanos se quejan de que no les han arreglado una calle, una avenida, que el agua no les llega adecuadamente. La luz eléctrica, hay sectores que solo ven los alambres de lujo. También vemos como hay escuelas a medio terminar, protestas por falta de aulas, sin pupitres, sin pizarrón, los niños sentados en blocks, latas, sillitas que tienen que traer de sus casas.
Todos los años, vemos cómo cientos de familias se ven afectadas por inundaciones, sus casas destruidas por cualquier viento, o fuegos que afectan grandes sectores.
Si a todo esto le sumamos que la delincuencia está afectando a todos por igual, desde las clases altas, medias o bajas, no entendemos que debemos hacer para poder tener una población más segura, sana, educada y civilista.
No debemos de cansarnos de hacer protestas, de exigir las bienaventuranzas que todos nos merecemos, los que podemos escribir, hacer escritos para denunciar esas cosas que hacen una sociedad.
¿Por qué debemos vivir en una ambiente hostil, donde las noches son una eternidad, y el día es una calamidad?
Si ustedes observan instituciones que hacen las mismas cosas, ya sean esta de carácter privadas o públicas, sin fines de lucro, o lucrativas, tienen todas las tendencias a dividirse, a debilitarse, de ser instituciones que no se respetan dogmas ni élites, y quieren ser independientes terminan siendo débiles, destruidas o simplemente desaparecen.
En sentido general, nos damos cuenta; que no hemos avanzado en muchos aspectos, y cada día más violamos las leyes, nos hacemos más pobres, con debilidades y una tendencia a la desorganización. Contrario a muchos países aún en las mismas latitudes que nosotros, no vemos un plan nacional que podamos cumplir por etapas todo lo que nos pueda superar en todos los aspectos. Seguimos pasando balance…sin que nada sume positividad.
El autor es médico, escritor y profesor universitario

