Hay textos que no envejecen. Y hay otros que, con el paso del tiempo, pesan más. Este martes se cumplen 51 años del asesinato del periodista Orlando Martínez Howley, y su voz —incómoda, firme, sin concesiones— vuelve a escucharse a través de un artículo que muchos consideran el detonante de su muerte.
“¿Por qué no, doctor Balaguer?”
Así tituló aquella columna publicada en 1975. Una pieza que no solo cuestionaba al poder… lo desafiaba directamente.
Orlando Martínez, nacido en Las Matas de Farfán en 1944, no era un periodista cualquiera. Era de los que escribían con el pulso firme, incluso cuando el contexto invitaba al silencio. Miembro del Partido Comunista Dominicano, director ejecutivo de la revista Ahora y autor de la columna “Microscopio” en El Nacional, convirtió la palabra en su herramienta más poderosa. Y también, tristemente, en su mayor riesgo.
Porque la verdad es que su estilo no dejaba espacio para ambigüedades. En aquel artículo, publicado apenas semanas antes de su asesinato, Martínez no se limitó a criticar: ironizó, cuestionó y desmontó, línea por línea, las estructuras de poder de la época.
Le habló directamente al presidente Joaquín Balaguer. Sin rodeos.
Le preguntó por la corrupción. Por los abusos. Por los privilegios. Y lo hizo con una mezcla de indignación y sarcasmo que todavía hoy sorprende. Propuso, incluso, con una ironía punzante, “enviar a la luna” a quienes sostenían un sistema que —según denunciaba— castigaba al ciudadano común mientras protegía a los poderosos.
Era más que un artículo. Era una denuncia pública. Una provocación en un país donde disentir tenía consecuencias.
Veintiún días después, el 17 de marzo de 1975, Orlando Martínez fue emboscado y asesinado a tiros en las inmediaciones de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Su muerte sacudió al país. Y dejó una pregunta flotando en el aire, una que aún no encuentra respuesta completa.
¿Hasta dónde puede llegar la verdad cuando incomoda?
Además, hay algo que estremece: ese texto sigue vigente. No por coincidencia, sino porque muchas de las inquietudes que planteaba —la corrupción, la impunidad, el abuso de poder— siguen siendo temas que atraviesan generaciones.
Hoy, al recordar su figura, no se trata solo de mirar al pasado. Se trata, también, de entender el presente.
Porque Orlando Martínez no escribió para su tiempo únicamente. Escribió para incomodar al futuro.
Y 51 años después, lo sigue logrando.














