Y no es un gesto cualquiera. Es, en muchos sentidos, un acto de justicia cultural.
Según explicó la gobernadora Jenniffer González Colón, la iniciativa busca rendir tributo a la música, pero sobre todo al legado profundo que Lucecita ha sembrado en la historia cultural de Puerto Rico. Y es que la verdad es que Lucecita Benítez no ha sido solo una cantante de éxitos: ha sido una voz que piensa, que cuestiona y que acompaña.
Lucecita es mucho más que un nombre conocido. Es un fenómeno cultural. Su voz ha sabido unir épocas, tender puentes entre la nostalgia luminosa de la Nueva Ola y la intensidad reflexiva de la canción social. Durante décadas, ha cantado con una seriedad poco común, con un mensaje que no se diluye. Por eso, no sorprende que muchos la reconozcan como “la voz nacional”, una figura que atraviesa generaciones sin perder vigencia.
En reconocimiento a esa trayectoria extensa y a su invaluable aportación al quehacer artístico puertorriqueño, la gobernadora, junto a la Asamblea Legislativa, sometió una medida para designar la actual Plaza del Quinto Centenario, en el Viejo San Juan, como Plaza del Quinto Centenario Lucecita Benítez. Un espacio emblemático para una artista que también lo es.
La propuesta, además, contempla algo muy simbólico: una actividad oficial para develar el nuevo nombre y la colocación de una tarjeta conmemorativa. El evento estaría a cargo de la Compañía de Turismo de Puerto Rico y el municipio de San Juan, integrando así cultura, memoria y espacio público.
“Honramos hoy a Lucecita Benítez no solo por su música, sino por el legado cultural que ha dado forma al espíritu de nuestro pueblo”, expresó González Colón. Y añadió algo que pesa: dedicarle una plaza en vida, para que sea un símbolo permanente de gratitud. Un reconocimiento hecho a tiempo. Con nombre y apellido.
Benítez, hoy con 83 años, comenzó a abrirse camino en la década de 1960 como figura central de la Nueva Ola. Pero su historia no se quedó ahí. Su evolución artística la llevó más lejos, mucho más allá de los éxitos radiales, hasta convertirse en una intérprete de fuerza telúrica, capaz de transformar cualquier escenario con su presencia intensa y su voz profunda.
Su triunfo en el primer Festival de la Canción Latina, en 1969, con el tema “Génesis”, marcó un antes y un después. Aquella canción, convertida en himno de amor y esperanza, fue también una puerta abierta para que la música puertorriqueña viajara al mundo. Desde entonces, Lucecita ha sido pionera, maestra silenciosa y defensora de una voz con propósito, emocional y político.
Y es que, incluso en 2026, Lucecita sigue presente. Sigue viva en los escenarios y en la conversación cultural. Su concierto “Claro y musical”, programado para marzo en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré de Santurce, y esta propuesta de renombrar la plaza lo confirman: su legado no pertenece al pasado, sigue respirando en el presente.
Porque hay voces que no se apagan.
Y hay nombres que merecen quedarse, para siempre, en el corazón de la ciudad.
– Nota elaborada con información de El Nuevo Día.

