President Donald Trump signed multiple executive orders after his inauguration on Monday, Jan. 20, 2025. He also declared a national energy emergency. Evan Vucci/AP
A diez semanas de las elecciones de medio término, la disputa comercial con Canadá y la reducción de aranceles a la carne importada amenazan con golpear a candidatos republicanos en estados decisivos.
Washington.– Los republicanos habían logrado sacar los aranceles del centro de la conversación electoral. Fue un alivio breve. A solo diez semanas de unas elecciones que decidirán el control del Congreso, el presidente Donald Trump volvió a colocar su política comercial bajo los reflectores y desató una rebelión poco habitual dentro de su propio partido.
En cuestión de días, Trump reavivó la disputa arancelaria con Canadá y anunció una reducción de los gravámenes aplicados a la carne de res importada. La combinación ha caído como una tormenta sobre legisladores del Medio Oeste, el Sur y varios estados fronterizos, donde los votantes ya muestran preocupación por el costo de vida y los ganaderos temen perder terreno frente a productos extranjeros más baratos.
“No hay ningún republicano en las boletas electorales que diga que cree que esto es una buena idea”, declaró a CNN Doug Heye, veterano estratega republicano.
Las críticas no proceden únicamente de figuras distanciadas del mandatario. Más de una docena de legisladores republicanos, incluidos aliados firmes de Trump, han expresado públicamente su malestar.
El senador John Barrasso reclamó políticas que faciliten el trabajo de los ganaderos de Wyoming. Tom Cotton, de Arkansas, calificó el plan de importación de carne como “desacertado”, mientras que Deb Fischer, senadora por Nebraska, afirmó sentirse “sumamente decepcionada”.
La tensión también se extiende hacia el Norte. La senadora de Maine Susan Collins, quien libra una contienda cerrada para conservar su escaño, consideró un error imponer nuevos aranceles a Canadá y pidió recuperar la relación amistosa y económicamente beneficiosa entre ambos países.
La Casa Blanca ha tratado de contener el incendio. Sus funcionarios sostienen que el aumento de las importaciones de carne molida sería una medida temporal para aliviar la escasez y reducir los precios antes de noviembre. También presentan la presión sobre Canadá como parte de la estrategia negociadora de Trump.
Sin embargo, esa explicación no convence a candidatos que ven cómo el debate vuelve a desplazarse hacia la inflación, el comercio y la incertidumbre económica.
La fecha clave será el 8 de septiembre, cuando Canadá podría aplicar aranceles de represalia. Todavía existe margen para negociar, y Trump ha desistido anteriormente de algunas de sus amenazas comerciales más severas después de alcanzar acuerdos que pudo presentar como victorias.
Pero el tiempo electoral corre más rápido que la diplomacia. Los republicanos temen que una disputa prolongada encarezca productos, perjudique a los agricultores y termine costándoles la Cámara de Representantes o, incluso, el Senado.
Steve Bannon, antiguo estratega de Trump y referente del movimiento MAGA, resumió sin rodeos el sentimiento que comienza a extenderse dentro de la base conservadora: “Lo odio”.

