Gaspar Hernández amaneció con el corazón en la mano. La lluvia no dio tregua desde la noche del martes, y lo que comenzó como un aguacero persistente terminó convirtiéndose en una escena angustiante: calles convertidas en ríos, negocios colapsados y familias evacuadas a toda prisa.
Las intensas precipitaciones que han afectado gran parte del Cibao provocaron el desbordamiento del río, una crecida que las autoridades describen como “caótica”. Y la verdad es que basta ver las imágenes para entenderlo.
Un supermercado, una tienda de ropa y al menos dos viviendas ubicadas cerca del puente principal no resistieron la fuerza del agua. Cedieron. Como si la corriente los hubiera empujado sin piedad. Además, el tránsito quedó completamente paralizado en las vías que conectan el municipio con Sosúa y Río San Juan, dejando a comunidades prácticamente aisladas.
El director municipal de la Defensa Civil, Alejandro Gil, informó que al menos 25 personas han sido trasladadas a centros de acogida, luego de que sectores como El Matadero Viejo, La Olla Adentro, el centro del municipio y La Cueva de los Leones quedaran bajo el agua.
“El río sigue aumentando su caudal porque la lluvia no ha cesado y ya pasó por encima del puente”, advirtió Gil, visiblemente preocupado. Y es que el peligro no ha terminado. Mientras continúen las lluvias en la zona montañosa, el riesgo sigue latente.
Las pérdidas materiales son considerables. En muchos hogares el agua entró sin pedir permiso, dañando muebles, electrodomésticos y mercancías que representan el sustento de familias enteras. Algunos comerciantes miraban sus locales con impotencia, tratando de rescatar lo poco que quedaba entre lodo y escombros.
En las labores de respuesta participan brigadas de la Defensa Civil, apoyadas por unidades de otros municipios de la provincia Espaillat, así como miembros del Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja y la Policía Nacional y Municipal. El trabajo ha sido constante. Sin descanso.
Además, las autoridades mantienen vigilancia permanente sobre el comportamiento del río y han exhortado a la población a permanecer en lugares seguros y seguir las orientaciones de los organismos de socorro. La recomendación es clara: no confiarse, no cruzar zonas inundadas y mantenerse atentos a los boletines oficiales.
Gaspar Hernández enfrenta horas decisivas. La lluvia sigue cayendo, y cada gota aumenta la incertidumbre. Sin embargo, en medio de la adversidad, también se ve algo que siempre emerge en momentos así: la solidaridad de vecinos que ayudan a vecinos, de manos que se extienden cuando más se necesitan.
Ahora, la prioridad es la seguridad. Luego vendrá la reconstrucción.















