Por: Redacción Expresión Libre.
A todos nos encanta, porque con cualquier melodía nos hace sentir que estamos vivos y con esperanza. Sí, son notas cargadas de amor y desamor. Tanto nos une como nos separa momentáneamente, pero al final, aunque sea una palabra nacida de la imaginación, vuelve a unirnos. ¡Qué rica eres, música!, siempre hablándonos el mismo idioma. He visto que eres capaz de romper fronteras sin lanzar un solo tiro en tu propósito de construir paz y unir familias con tus notas y melodías. Sin importar el género, cualquier cuerpo vibra con tus espontáneos movimientos. Y es que eres el alma más profunda de los pueblos. ¡Qué sabia eres! Te has ganado a los que se enamoran al escuchar una canción; también, quienes quieren expresar su desamor en ti se refugian.
La música es una fuente de expresión y explosión social. Su canto nunca se calla; denuncia los padecimientos de la cotidianidad. Sus denuncias, convertidas en letras y notas, hacen la canción que el pueblo de abajo escucha, consume y reflexiona.
El trabajador que protesta porque siente la explotación del poderoso; el hombre del pueblo que sufre ante el hambre de un hijo, o de una madre impotente frente a la realidad cruda que vive… Qué bueno, música, eres amparo y alegría para todos, sin ocultar la realidad.
Se dice que combinas sonidos y tiempo; yo te agrego el espacio que tienes para cada cosa del ser humano. En fin, tú nunca mueres, y es porque estás en todos los tiempos.
Pido permiso a grandes trombonistas con los que hemos contado y que ya son parte de la antología de la música contemporánea. Respeto y admiración por siempre a:
Don Willie Colón y Mon Rivera, quienes hicieron nombres musicales como buenos y valiosos trombonistas; se hicieron universales. Otros extranjeros, aunque no con tanta proyección, lograron que sus notas fueran altas, razón por la cual también dejaron nombres sonoros.
En República Dominicana, en todos los tiempos, hemos tenido grandes exponentes del único instrumento capaz de sustituir la voz humana: el trombón.
Recordemos algunos de ellos. A los que han fallecido, vayan hasta sus tumbas las flores más frescas y las notas más altas del pentagrama.
Germán Vásquez, Joan Minaya, Marcos Valoy, Martín Villalona, Monchy Fernández, Ari Rosado, Leopoldo Pineda (Palma Sola), José Flete, Virgilio Almonte, Silvio Trinidad, Tatán Jiménez, Patricio Bonilla y otros tantos que han asumido la música como su mayor pasión. Algunos de los mencionados ya han fallecido.
La música es tan justa que, en los momentos más duros y difíciles, en esos instantes que pueden rendir a cualquier mortal, no solo te da las notas y el poder hacerlo, también te reviste de la voluntad necesaria para resistir.
Razón tiene la música de entrar por el oído para ir directa al corazón, sin escala en ningún otro órgano del cuerpo humano.














