Las declaraciones del exalcalde Roberto Espinal no pueden despacharse como una simple crítica política; por el contrario, obligan a revisar con detenimiento dos aspectos clave de la rendición de cuentas presentada por el alcalde Alfredo Reyes: la contradicción entre el discurso de escasez y la existencia de un superávit, y la marcada dependencia de recursos externos para ejecutar obras municipales.
En primer lugar, resulta insostenible afirmar que el ayuntamiento carece de fondos suficientes para desarrollar obras significativas y, al mismo tiempo, presentar como logro un superávit presupuestario. Esta dualidad no solo es incoherente, sino que también refleja una visión administrativa que prioriza la acumulación de recursos por encima de su ejecución en beneficio de la población.
En un municipio como San José de las Matas, donde las necesidades en infraestructura, servicios básicos y planificación urbana son evidentes, dejar dinero sin invertir no puede considerarse eficiencia. Más bien, evidencia una gestión que no está traduciendo el presupuesto en soluciones concretas. Si se presupuesta para resolver problemas, lo lógico es ejecutar; de lo contrario, el superávit deja de ser un indicador positivo y se convierte en símbolo de inacción.
Por otro lado, la rendición de cuentas también deja al descubierto una preocupante dependencia de la alcaldía de los aportes del Gobierno central y otras instituciones. Obras básicas, como la construcción de aceras y contenes, así como intervenciones de mayor visibilidad, como el remozamiento de parques, han requerido financiamiento externo significativo.
Esto revela una administración municipal que no está logrando sostener con recursos propios ni siquiera las obras más elementales. Si bien gestionar apoyo externo es válido y necesario en muchos casos, cuando esta práctica se vuelve constante, deja en evidencia una estructura débil en términos de autonomía y planificación financiera.
Ambos elementos —el superávit en medio de múltiples necesidades y la dependencia reiterada de fondos externos— desmontan el discurso de limitaciones absolutas que se intenta posicionar ante la opinión pública. No se trata únicamente de que “no hay dinero”, sino de cómo se está utilizando el que sí existe y de qué tan capaz es la gestión municipal de convertirlo en resultados tangibles.
En ese contexto, las afirmaciones del exalcalde Roberto Espinal cobran fuerza, porque apuntan directamente a una posible distorsión de la realidad presentada al pueblo. Y cuando una rendición de cuentas no logra sostenerse sobre coherencia y resultados verificables, la confianza ciudadana comienza a debilitarse.















