El dominicano dejó atrás las dudas y ahora lidera a unos Mets golpeados por lesiones mientras sus números vuelven a impresionar.
Juan Soto vuelve a jugar como una superestrella. Y lo cierto es que en Nueva York eso ya empieza a sentirse diferente.
Hace apenas unos meses, el dominicano estaba en el centro de las críticas. El peso de un contrato histórico, una nueva franquicia y un arranque ofensivo irregular hicieron que muchos cuestionaran su rendimiento. Abril, especialmente, fue complicado: bateó apenas .232 con dos cuadrangulares y números muy alejados de sus estándares habituales.
Las dudas crecieron rápido.
Pero Soto nunca dejó de competir.
Poco a poco comenzó a verse más cómodo en el plato, más agresivo y mucho más relajado dentro del clubhouse. Y esa transformación ya se refleja claramente en sus estadísticas.
Actualmente batea .299, con .392 de porcentaje de embasarse, .559 de slugging y un OPS de .951, registros incluso superiores a varios promedios de su carrera. En sus últimos siete juegos ha estado encendido, bateando .429 y convirtiéndose nuevamente en el motor ofensivo de los Mets.
Y es que el contexto también tiene mérito.
Nueva York atraviesa una temporada complicada por las lesiones y la constante llegada de jóvenes prospectos al equipo grande. En medio de ese escenario, Soto ha asumido un rol de líder silencioso, ayudando a integrar jugadores y sosteniendo ofensivamente a un equipo golpeado.
Además, ha tenido que lidiar con molestias físicas. Una lesión en la pantorrilla lo dejó fuera durante tres semanas, y también arrastró problemas en el codo y la muñeca. Aun así, nunca perdió presencia dentro del lineup.
Quizá ahí está la gran diferencia respecto al año pasado.
Ahora Soto luce libre. Suelto. Con confianza.
Como dicen muchos en el entorno de los Mets: “La Fiera” volvió a despertar. Y cuando eso ocurre, las Grandes Ligas suelen tomar nota.









