Santo Domingo.— Las calles vuelven a llenarse de oraciones, cantos y expresiones de fe. Este jueves 4 de junio, miles de católicos celebran el Corpus Christi, una de las solemnidades más importantes del calendario de la Iglesia, una festividad que combina espiritualidad, tradición popular y una profunda devoción a la Eucaristía.
Desde tempranas horas de la mañana, parroquias y templos de todo el país abrieron sus puertas para recibir a los fieles que participan en las celebraciones litúrgicas de esta fecha especial. Sin embargo, el momento más esperado llega cuando las ceremonias salen de los recintos religiosos y toman las calles.
La procesión del Santísimo Sacramento continúa siendo el corazón de la celebración. Encabezados por obispos, sacerdotes y diáconos, los creyentes acompañan la custodia con el Santísimo mientras recorren avenidas, barrios y comunidades entre cánticos, oraciones y muestras de respeto. Durante el trayecto se realizan varias paradas para impartir bendiciones a las personas congregadas en aceras, balcones y esquinas.
La verdad es que pocas festividades religiosas logran transformar tanto el ambiente de una ciudad.
En algunos lugares todavía sobreviven costumbres centenarias. En ciudades como La Vega, San Francisco de Macorís y Santo Domingo, generaciones de familias han mantenido la tradición de adornar los recorridos con flores y pétalos, una práctica heredada desde la época colonial.
Las principales concentraciones de este año tienen como escenario distintos puntos del país. En Santo Domingo, la celebración central reúne a fieles de más de 200 parroquias, mientras que en Santiago y La Vega las actividades son encabezadas por las principales autoridades eclesiásticas de esas diócesis.
Pero más allá de las procesiones y las expresiones culturales, Corpus Christi tiene un significado profundamente espiritual para los católicos.
La festividad fue instituida en el siglo XIII para exaltar la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Su origen se remonta a la religiosa Juliana de Cornillón y tomó carácter universal en 1264 cuando el papa Urbano IV extendió la celebración a toda la Iglesia.
Hoy, más de siete siglos después, la solemnidad continúa convocando a millones de personas en distintos países del mundo.
En República Dominicana, donde la fecha es feriado nacional, Corpus Christi sigue siendo mucho más que una tradición religiosa. Para muchos creyentes representa una oportunidad para reafirmar su fe, fortalecer la vida comunitaria y mantener vivas costumbres que han pasado de generación en generación.














