Nunca lo he visto, pero lo conozco, soy su amiga, aunque no sabe quién soy.
Como Pedro por su casa, desde la televisión, ocupaba un lugar en nuestra casa, así empecé a conocer a este poeta cantor que se instaló en mis afectos.
Hemos conversado mediante mensajes, siendo tan humilde, que ha respondido cada letra.
Es un romanense que se ha metido en el bolsillo al país, su arte viene de familia, no es un improvisado, su formación tiene raíces profundas. Su abuela, subliminalmente le dictará letras que unidas a las suyas lo hacen un triunfador.
La mejor exposición de sí mismo fue su concierto «El Monólogo del Cantautor dentro del Cajón», trocando versos en canciones, en una introspección desde su alma hasta el público.
Ha cantado junto a grandes figuras de la música, circunstancia que puede envanecer, no obstante, José Antonio Rodríguez con su humildad humana les aventaja.
Nombrado ministro de Cultura, en uno de los decretos más idóneos de Danilo Medina, nunca se escucharon quejas de gestores culturales dominicanos, clamando por ayuda para sus lugares. Como ministro, o embajador ante la UNESCO, su ego no se desbordó.
Logró en su gestión como embajador que el merengue se declarara Patrimonio Intangible de la Humanidad.
“Esto no es una posición de vacaciones, porque la diplomacia es un hermosísimo trabajo de 24/7. Cuando llegué, descubrí la cantidad de cosas a las que puede el país sacarle provecho. Me reuní con el personal que estaba dispuesto al trabajo y sacamos conclusiones de todos los temas”.
Servir era su esencia, él fue a trabajar por su país, fue a buscar oportunidades para el país que representaba, las reuniones de frac, cocteles y fiestas de alto nivel, no eran su meta. Se entiende que un funcionario de tal categoría debe cumplir una agenda especial, solo que él tenía claro, que lo principal, era cumplir su papel como emisario nuestro.
Si lo comparamos con los altos funcionarios endiosados, a los que ni una mosca puede acercárseles, es fácil establecer la diferencia.
Escribir sobre este autor, era una deuda que navegaba en mi mente, no me decidía porque según mi otra yo, intolerante y exigente, me faltaban datos, hoy impongo mi voluntad ante esa otra, demostrándole que para homenajearlo me basta con revivir viejos recuerdos de presentaciones televisivas de un flaco que armado de una guitarra, hacía temblar los corazones, entre letras y música creadas por él que no eran cualquier cosa.
Le hicieron entrega de un Soberano al Mérito, ¿Por qué tardaron tanto? Esos premios adquirieron categoría con esa entrega, aunque sostengo que premiar es omitir, me inclino ante este Soberano que se queda chico ante la dimensión de José Antonio Rodríguez.
Fuente: La Información.















