ECO DESDE EL MONUMENTO

Edwin Espinal y la historia social de Santiago de los Caballeros

«Esta obra se aparta de la casi totalidad de las historias de pueblos y ciudades que se han publicado en el país en muchos sentidos y puede decirse que, junto con el primer volumen, constituye la historia local más importante y acabada que se haya escrito en la República Dominicana». Frank Moya Pons

Rafael A. Escotto 

Colocarme entre murallas de renombrados historiadores como son Frank Moya Pons y Roberto Cassá, para intentar exponer mis pareceres sobre el trayecto de crónicas tan interesantes recorrido de manera extraordinaria por Edwin Espinal Hernández y llevado a dos compactos volúmenes de la monumental obra historio­gráfica titulada «Historia social de Santiago de los Caballeros 1900-1916», requiere, de quien pretenda ocuparse de comentarlas, cual es nuestra intención, tener una capacidad excepcional.

Para poder verter mis criterios en las páginas de un periódico, como es el centenario matutino LA INFORMACIÓN de Santiago de los Caballeros, dos cuartillas no serían suficientes. Referirme a miles de estudios realizados por Espinal Hernández, miembro correspondiente nacional de la Academia Dominicana de la Historia y presidente del Instituto Dominicano de Genealogía, requeriría varias entregas.

Lo que nos hemos propuesto es reducir nuestro propósito en unas cuantas entregas a intervalos, sin soslayar las demás temáticas por ser todas enjundias trascendentales y de alto contenido y valor pedagógico. Inicio, pues, esta serie de trabajos con el tema que sigue:

Del incendio de 1863 a la convulsionada era de Concho Primo.

En la introducción de este interesante capítulo desempolvado por el autor, muchos dominicanos desconocen que hubo un espacio construido, como refiere Edwin Espinal Hernández en la página 39 de la obra citada, un «antes y un después en el desarrollo urbano, que fue punto de partida en el accionar del gobierno municipal presidido por Luis Morel, la Iglesia y los almacenistas o inversionistas privados», según lo relatado por Rafael Emilio Yunén en una presentación en 2006, titulada «Historia social de Santiago de los Caballeros, 1863-1900» y recogido magistralmente por Edwin Espinal Hernández, para aglutinar a los grupos locales de cara a la  reconstrucción de Santiago luego del incendio de Santiago en 1863.

En un trabajo publicado en 2017 por el articulista Roberto Valenzuela en el Listín Diario este reveló la probabilidad de que «Santiago de los Caballeros fue destruido por un incendio provocado por los comba­tientes dominicanos en la guerra de la Restauración. Las crónicas históricas indican que únicamente sobrevivieron la iglesia mayor y la cárcel vieja…»

En sus descubrimientos, a lo Heródoto el griego, Espinal Hernández (pág. 24) encuentra que en la ciudad de Santiago de los Caballeros «operaba como punto de cohesión del espacio regional a su derredor, reconocido desde los inicios del siglo XIX como el más próspero del país y en el cual se llevaron a cabo experimentos sociales de los cuales se produjo la conformación del pueblo dominicano».  Basado en este criterio, pienso que este «espacio regional» significó el punto de partida de la estructura social y económica que tiene hoy el país.

Explica en otro trabajo el articulista Juan de la Cruz, publicado en 2013 y titulado «Triunfo del pueblo dominicano en armas», que «los restauradores utilizaron el incendio de varios fuertes o fortalezas que controlaban los españoles, como el fuerte de San Luis en Santiago de los Caballeros…» Y continúa De la Cruz aclarando sobre el incendio de Santiago de los Caballeros que «con el incendio se buscaba atemorizar, aislar, desmoralizar y acorralar al enemigo, al tiempo de recuperar terreno y realizar una gran concentración de fuerzas militares para propinarle una contundente derrota a los españoles.» ¿Estamos viendo aquí una táctica anticipada de guerra de guerrilla contra un enemigo poderoso como los españoles?

En otro artículo publicado en 2014 en el periódico Acento titulado «En la guerra restauradora incendiaron Santiago», Valenzuela hace referencia a un incidente sucedido el 3 de septiembre de 1863. Relata el distinguido articulista que «…la soldadesca española de Santiago se encontraba en la fortaleza San Luis, recibiendo la furia de los cañones nacionalistas ubicados en el Castillo. En la fortaleza San Luis había una mujer dominicana cocinándoles a los españoles, pero tenía un hijo peleando en la revolución. Un arrogante soldado español humillaba la cocinera porque le hirvió un huevo sin sal. En eso una bala se llevó la cocina y el fogón. La mujer orgullosa de su causa, vengándose del español, le dijo: “¿No quería usted sal?, ahí le mandan una poquita”».

El espíritu trabajador del pueblo de Santiago, las emociones que los unen al formar parte de este conglomerado social, la cons­ciencia de compartir un conjunto de valores que lo identifican hace que los munícipes de esta ciudad se reúnan en un esfuerzo común dirigido a su reconstrucción luego del incendio de 1863.

Explica Espinal Hernández en el capítulo dedicado a la ciudad que despertó al siglo XX que «el plano urbano de Santiago retomado tras el incendio de 1863 recuperó el trazado reticular colonial…» Pienso que estas acciones de desarrollo tienen que ver con las emociones y la personalidad de los habitantes de Santiago de los Caballeros y, sobre todo, a su talento para acometer grandes desafíos.

Edwin sintetiza ese espíritu voluntarioso y ejemplarizador innato en los habitantes de Santiago, extrayendo de las palabras de Isaías Franco (pág. 45) que resaltan el empeño de Onofre de Lora, quien «construyó la iglesia mayor obedeciendo exclusivamente a la inspiración de su noble talento».

Continuará.

Fuente: La Información

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