ECO DESDE EL MONUMENTO

Fue Francia quien abolió la esclavitud en Haití

Por: Rafael A. Escotto.

A Piero Espinal Estévez, al doctor Juan Miguel Castillo Pantaleón, a doña Consuelo Despradel, al Dr. Wilson Gómez Ramírez, y a Pelegrín H. Castillo Semán.

Cuando los ingleses concertaron la paz de Amiens esperaban al menos ver resucitado su comer­cio con el continente, pero esto no sucedió. Napoleón Bonaparte era proteccionista y no pensaba renovar el tratado de comercio de 1786; rodeó a Francia de una muralla aduanera que la separaba del continente y de Inglaterra, dilatando al mismo tiempo su poder político por toda la tierra firme. Era dueño de Italia. Había impuesto su influencia en Alemania. Inglaterra, al concertar la paz de Amiens, no había previsto esto y en Londres reinaba el asombro y el descontento.

Allende los mares Napoleón parecía también querer emprender una política de expansión. Es cierto que perdieron a Egipto, que el ejército en este país había sido derrotado y que su jefe supremo, Jean Baptiste Kleber, había sido asesinado. Los restos del ejército habían sido repartidos en buques ingleses, de acuerdo con el pacto de Amiens. Pero Francia había recobrado las demás colonias y Napoleón estaba desde luego decidido a emprender una amplia política colonial, haciendo en el mundo entero competencia a Inglate­rra.

Este propósito aludía a la India del oeste, en donde Napoleón cifraba su esperanza de una nueva potencia colonial francesa, apoyándose en los disturbios interiores. El poderío francés en las islas del Caribe descansaba en las plantaciones y en el trabajo de los esclavos, como correspondía al carácter del país y a su economía. Los pensamientos generosos del siglo XVIII condenaban la esclavitud y produjeron gran confusión en esas relaciones, sobre todo cuando la Revolución francesa se vio obligada a tomar una actitud decisiva ante este problema de las colonias francesas.

Aún antes de la Revolución de 1787, Jacques-Pierre Brissot, Emma­nuel-Joseph Sieyés y Nicolás de Condorcet habían fundado la Sociedad de Amigos de los Negros (Société des Amis des Noirs). Después de constituida la Asamblea Nacional se abordó la cuestión de si los diputados de las colonias debían ser o no recibidos en la asamblea. Fueron recibidos y las colonias quedaron equiparadas a los departamentos de la metrópoli (Francia), pero la Asamblea Nacional entendió en seguida que esto no era sino abrir el camino de los dueños de plantaciones y, por tanto, a los enemigos de la prohibición de tener esclavos.

Cuanto más profunda fue la diso­lución de Francia tanto más independientes fueron los dueños de las plantaciones en las colonias. Su propósito era la autonomía y nombraron una asamblea nacional propia. La Constituyente en París estableció de hecho la autonomía administrativa de las Islas Occidentales. Solo Honoré Mirabeau contradijo y recordó los derechos del hombre, que quedarían pisoteados si se toleraba el poder de los propietarios de los latifundios.

Luego la Asamblea Nacional concedió el derecho de voto a los hombres libres, aunque fuesen de color, es decir, a los mulatos. No obstante, Antoine Pierre Barnave consiguió, frente a la oposición de los colonos, la abolición del derecho, lo cual le costó ser expulsado del club de los Jacobinos por enemigo de los derechos del hombre y de la Constitución. Los mulatos, que querían mantener su derecho electoral, se le­vantaron contra los dueños de las plantaciones. Los dos partidos armaron a los negros y saquearon los predios propiedad de los mulatos haitianos.

La Convención envió tropas con comisarios jacobinos, que hostilizaron a los plantadores y vencieron en resistencia, pero ya los negros habían entrado en el movimiento. Para ganárselos, la Convención decretó la abolición de la esclavitud, provocando la enemistad de todos los propietarios blancos o de color. Estos pidieron auxilio a España y a Inglaterra y Francia perdió las islas del Caribe en 1793. Al año siguiente, Francia recobró Santo Domingo, la más importante colonia de las Indias Occidentales. En efecto, los negros comprendieron que la Convención tomaba muy en serio la abolición de la esclavitud y el jefe de los negros, Toussaint L’Overture, se pasó al lado de Francia. Pero prosiguió la lucha entre negros y mulatos. Toussaint era el verdadero soberano y Francia mandaba solo de nombre.

Nos recuerda el historiador Piero Espinal Estévez, que en ese momento los negros no eran haitianos, pues Haití no existía como nación, fue en 1804 que se fundó esa república, que fue la primera negra del mundo.

Fuente: La Información

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